Durante mi niñez en la bella y costera ciudad de Cartagena de Indias en el Atlántico Colombiano y luego en mis largas estadías en ciudades como Miami, Washington y Bogotá, muy lejos estaba de pensar que me dedicaría a crear piezas de joyería fruto de mis ideas y experiencias.
 
Crecí en un hogar donde desde muy pequeña, se mezclaban los sabores, colores y texturas del mediterráneo gracias a la herencia griega e italiana de mis padres. Con ellos y mi hermana, joyera de profesión, viajábamos a lugares donde vivíamos maravillosas estancias que sin mucho quererlo, me permitieron valorar las historias y culturas de pueblos maravillosos, permitiéndome desarrollar una estética del arte muy amplia y sobretodo, tolerante.
 
Poco a poco todos estos recuerdos fueron quedando guardados en mis más remotos pensamientos y un día muchos años mas tarde, después de haber terminado estudios en Literatura y Ciencia Política, descubrí la joyería, ese arte milenario que nos identifica a cada uno de nosotros y donde artista y portador se encuentran en una sinergia especial.
 
Lo que empezó como un hobby que permitía volar mi imaginación y dar rienda suelta a mis habilidades manuales (un escape necesario después de cientos de lecturas de ensayos donde a decir verdad, las oraciones no cobraban vida hasta leerlas un par de veces debido a sus complejos contextos),  es hoy en día una profesión, una pasión convertida en mi rutina.
 
Los invito a conocer Mirtó, -palabra que me identifica ya que de esa forma fui bautizada en referencia al árbol del Mirto- una propuesta innovadora de joyería artesanal y artística, la cual busca encontrar un lugar en la joyería actual colombiana. Es una marca de piezas únicas, sencillas y a la vez elaboradas, donde arte y artista se mezclan para dar vida a múltiples objetos de la memoria y la imaginación.